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Tienes que ir hasta las pirámides de Egipto. Allí encontrarás un tesoro que te hará rico.

¿Te suenan estas frases?

Hace más de dos décadas que me abrieron la puerta a un lugar que a día de hoy sigo indagando. Quién sabe adónde me llevará esta búsqueda, o lo que encontraré. El asunto es que el periplo continúa.

¿Y cómo voy a llegar a Egipto?

Yo sólo interpreto sueños. No sé transformarlos en realidad. Por eso tengo que vivir de lo que mis hijas me dan.

¿Y si no llego hasta Egipto?

Me quedo sin cobrar. No sería la primera vez.

A veces la vida nos da un revés inesperado. Por ejemplo, cuando salimos decepcionados de un encuentro que nos había generado una gran expectativa. “¿Y ahora, qué hago con mi vida?», pensamos con angustia. Es en ese momento crítico cuando hay que tomar una decisión fundamental: seguir creyendo en los sueños o no.

Y en función de la elección hecha, tal vez sucedan cosas. Puede que, por ejemplo, se siente a nuestro lado un viejo cansado y sediento, pidiéndonos algo de vino. Y quizá, es posible que si aceptamos, éste se ponga a ojear el libro que estamos leyendo, e incluso, a hablarnos sobre temas sorprendentemente trascendentales, como por ejemplo, cuál es la mayor mentira del mundo.

El asunto es que la decisión se presta constantemente a ser elegida. O no.

¿Cuál es la mayor mentira del mundo? indagó, sorprendido, el muchacho.

Es ésta: en un determinado momento de nuestra existencia…

Todavía no. Tendrás que seguir leyendo un poco más para saber cuál es la mayor mentira del mundo. Lo siento.

Mientras tanto, déjame que te cuente algo.

Fui un niño tímido y reservado. Me encantaban los libros, gracias a los cuales, aprendía y descubría acerca de las maravillas del ancho mundo en el que vivimos. Esto me hacía desear viajar para poder conocer tierras lejanas llenas de diferentes culturas. Pero como no sucedía, me limitaba a hacer uso de mi propia imaginación para recrear un sinfín de aventuras.

Quién sabe si a mí también me esperaba un tesoro escondido en algún remoto lugar.

A los diez años les pedí a mis padres que para mi cumpleaños me regalaran el “Arqueologic-nova”. ¿Lo conoces? Como otros artículos de la colección Nova, se trataba de una serie de juegos didácticos. Cada uno de ellos consistía en un kit, o sea, un conjunto de piezas y herramientas con las que, de forma lúdica y entretenida, desarrollar el gusto por una determinada profesión. Lo cierto es que a lo largo de los años 80 y 90 estos juguetes se hicieron muy célebres y gozaron de un gran éxito. En líneas generales, cada unidad traía todo lo necesario para poder experimentar a fondo los entresijos de un oficio concreto. En este caso, la caja de aquel Arqueologic-nova albergaba un sinfín de cosas interesantes, como moldes y escayola en polvo para recrear reliquias antiguas, así como pinturas acrílicas y pinceles para colorear las piezas, e incluso betún de Judea para darles el toque final. También, recreando un yacimiento excavado, traía una bolsa con trozos de cerámica esparcidos entre la tierra, en donde había que encontrarlos, limpiarlos y pegarlos. Y ya de paso, para terminar de motivar al personal, incluía una radio-casette en la que se narraban con gran dramatismo las expediciones arqueológicas de un tal Sir Oliver Jones. Sin duda, aquel juego representaba todo lo que un niño curioso necesitaba para ser feliz. Y vaya si lo fui; de hecho, ¡aún conservo algunas de las piezas que creé con la escayola!

Al margen de estas fabulosas manualidades, el séptimo arte también puso su granito de arena (nunca mejor dicho) en que desarrollara atracción por las antiguas civilizaciones de oriente medio. Sin ir más lejos, Indiana Jones, uno de los grandes héroes de aquella época, se fue a buscar nada menos que el Arca de la Alianza al desierto egipcio. Y siguiendo en esa línea, pocos años después, vi la película “Stargate, puerta a las estrellas”, y flipé en colores. Me fascinó la mezcla de aventura y ciencia-ficción, con esa ambientación tan espectacular, especialmente la corte de Ra.

El mensaje estaba claro: aquel mítico lugar escondía secretos y tesoros a partes iguales. Desde luego que todo lo que rodeaba a Egipto era fascinante. Incluso en la Biblia, en el antiguo testamento, se hablaba de esta vetusta cultura, de su grandeza y de sus misterios… Así pues, ¿sería posible visitarla alguna vez?

Es justamente la posibilidad de realizar un sueño lo que hace que la vida sea interesante.

Estrenaba la veintena cuando leí por vez primera “El alquimista”, de Paulo Coelho. Lo descubrí deambulando en la biblioteca de mi barrio. Me habían hablado del libro, así que le di una oportunidad y bueno, lo cierto es que me cautivó desde el principio.

Antes, de adolescente, había probado con “Diario de un Mago”, del mismo autor. Siendo un relato íntimo y especial sobre la peregrinación jacobea, despertó en mí el deseo de realizar ese “extraño camino» (que pude cumplir años después), y también me hizo descubrir, entre otras cosas, a autores como Borges y Castañeda. Y ya por eso me siento muy agradecido a Coelho. Lo que en ese momento ignoraba es que las rutas que se dirigen a Compostela son cuantiosas, y que el llamado “camino francés” es sólo uno de tantos otros existentes. En efecto, éste es otro ejemplo más de que “todos los caminos llevan a Roma”.

Estaba claro que había muchos lugares por visitar, y sin embargo, aún tendría que esperar varias vueltas al sol para tener la oportunidad de viajar por el mundo. Como decía más arriba, la lectura me hacía soñar despierto, y la imaginación hacía el resto. Lo que pasa es que a medida que fui soplando velas, un profundo anhelo se fue despertando, al igual que le sucede al protagonista de “El alquimista”. De todos modos, yo no tuve un sueño extraordinario en el que un niño me decía que tenía que ir a las pirámides. Y tampoco me topé con una gitana con aires de adivina, ni con un anciano misterioso que decía ser rey de Salem. En mi caso, el llamado se fue desarrollando lentamente, de manera gradual. Y no fue hasta el pasado año que pude sumergirme en el Nilo y su antigua civilización. Al fin, el sueño de aquel niño fantasioso se hizo realidad. Es verdad que antes había tenido la gran suerte de conocer otros países de África (Marruecos y Camerún), e incluso había visitado algo de Asia (Tailandia e India) y América (México). Por ello puedo decir que sí, los sueños se cumplen; es cuestión de confiar y tener paciencia.

Pero vamos al tema que nos ocupa en este artículo: ¿Cómo fue Egipto? Pues puedo decir que, aunque breve, fue un viaje intenso y revelador. En verdad fue una pasada, y todo se dio como tenía que ser. Encontré al grupo ideal de personas con las que descubrir el país (muchísimas gracias por todo lo vivido, familia), y así pudimos visitar templos milenarios y tumbas de faraones, navegar en crucero por el Nilo, recorrer el desierto en dromedario, mostrar nuestros respetos a la Esfinge de Guiza, caminar por el barrio copto de El Cairo, y por supuesto, adentrarnos en el interior de la Gran Pirámide de Keops. ¡Casi nada!

Lo llamamos el Principio Favorable. Si juegas las cartas por primera vez, verás que casi con seguridad ganas. Es la suerte del principiante.

¿Y por qué?

Porque la vida quiere que vivas tu Leyenda Personal.

No hace falta que diga que “El alquimista” es uno de los libros más vendidos de todos los tiempos. Millones de personas de un sinfín de países se han deleitado a través de sus páginas llenas de simbolismos. Su argumento ya lo conocemos: Santiago, un joven pastor andaluz, tiene un sueño recurrente que le anima a dejar la tranquila y aburrida vida que lleva entre sus ovejas y marchar lejos, a una tierra que le es completamente desconocida.

Coelho se sirve pues del “monomito”, o sea, el viaje heroico de su particular protagonista, para mostrar cómo a través de las peripecias que le suceden en su larga travesía, se va produciendo una profunda transformación interior. En realidad, la obra es una metáfora, una historia alegórica en donde se mezclan lo real y lo simbólico. Y aún podemos ir más allá y decir que se trata de un texto iniciático que pone en valor las enseñanzas de la Tabla Esmeralda: puesto que todo es mente, a medida que cambies, cambiará tu realidad. El viaje, aparentemente físico, externo, en realidad es interior. En ese sentido, la verdadera alquimia, como se nos adelanta ya desde el mismo prefacio, es un proceso de transformación personal, de auto-conocimiento:

Y de este modo, mi Maestro decidió darme clases de Alquimia. Descubrí entonces que el lenguaje simbólico que tanto me irritaba y desorientaba era la única manera de alcanzar el Alma del Mundo, o lo que Jung llamó el «inconsciente colectivo». Descubrí la Leyenda Personal y las Señales de Dios, verdades que mi raciocinio intelectual se negaba a aceptar a causa de su simplicidad. Descubrí que alcanzar la Gran Obra no es tarea de unos pocos, sino de todos los seres humanos de la faz de la Tierra. Es evidente que la Gran Obra no siempre viene bajo la forma de un huevo o de un frasco con líquido, pero todos nosotros podemos (sin lugar a dudas) sumergirnos en el Alma del Mundo.

Efectivamente, a veces las cosas no son lo que parecen a simple vista. Por eso, para acceder al “Anima mundi» (inconsciente colectivo), es necesario apartar los prejuicios del intelecto. Tal y como hace ese humilde monje, el único que en todo el monasterio consigue hacer reír al Niño Jesús, cuando, lleno de dudas y vergüenza, se entrega a hacer lo único que sabe, que no es otra cosa que jugar a los malabares con unas naranjas. Sólo así, regresando a la inocencia que somos, encontraremos el verdadero tesoro; ése que ha estado siempre ahí, escondido en nuestro interior, aguardando a que nos embarcáramos en nuestra particular Odisea.

Y ya que hacemos referencias a la Grecia clásica, ahí va una presente en esta obra:

El lago permaneció en silencio unos instantes. Finalmente dijo:

-Yo lloro por Narciso, pero nunca me di cuenta de que Narciso fuera bello.

»Lloro por Narciso porque cada vez que él se inclinaba sobre mi orilla yo podía ver, en el fondo de sus ojos, reflejada mi propia belleza.

El célebre cuento de Oscar Wilde, incluido en el prólogo del libro, nos recuerda que todo es un reflejo de nuestra propia naturaleza. Y de paso, que hay que tener cuidado con nuestro propio ego. Santiago, a quien le cuesta salir de su zona de confort y que “hubiera querido dormir un poco más”, necesita varios avisos para espabilar. Recostado bajo un sicómoro (un árbol sagrado, y que además ha crecido en el interior de una vieja iglesia abandonada) “ha tenido el mismo sueño que la semana pasada y otra vez se ha despertado antes del final”.

Lo que está claro que sólo venciendo sus miedos y dudas, soltando lo que ya no es y confiando, podrá cumplir su cometido. A pesar del rechazo inicial a la llamada, tendrá que dejar su Andalucía natal, y con ello a su familia, sus ovejas y a la hija del comerciante, y lanzarse a la aventura. Entregando los libros que lleva en su zurrón y que a veces le sirven como almohada, tendrá que pasar, de mero lector, a ser el autor de su propia historia, la Mano que lo escriba todo.

Para llegar hasta el tesoro tendrás que seguir las señales. Dios escribió en el mundo el camino que cada persona debe seguir. Sólo hay que leer lo que escribió para ti.

Llegados a este punto, nos podemos preguntar si el conflicto de este joven pastor es el mismo que el de cualquier otra persona. Personalmente, creo que ahí reside el éxito de este relato. ¿Quién no se siente identificado, o al menos un poco, con el muchacho?

Yo sí, desde luego. Lo reconozco.

¿Y tú? ¿Crees en esto de seguir las señales? ¿Hasta qué punto cada persona debe seguir un camino escrito en el mundo?

La mayor mentira del mundo es ésta: en un determinado momento de nuestra existencia, perdemos el control de nuestras vidas, y estas pasan a ser gobernadas por el destino.

Melquisedec, rey de Salem, es quien dice estas palabras. A pesar de su dudosa entrada en escena, en realidad se trata del primer mentor de Santiago. Éste, a medida que va confiando, va recibiendo las personas que necesita para continuar. Más adelante, el vendedor de cristales le acoge y le da trabajo en Tánger. Después, tras partir en la caravana de camellos, será el erudito inglés quien le va a instruir acerca de la Tabla Esmeralda y el conocimiento hermético.

Ahora nos vamos a detener un poco aquí. La ocasión lo merece.

La Tabla Esmeralda es un texto cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos, y que ha conseguido llegar hasta nuestros días acompañado de un cierto halo de misterio. Según la tradición, Thot fue su autor.

En la mitología egipcia, Thot es el dios del conocimiento, la magia y la escritura, y se le representa normalmente con cuerpo humano y cabeza de ibis (una especie de garza local). Se le otorga el honor de ser el consejero de dioses, y mediador entre lo divino y lo humano. Vinculado con la alquimia, cuando el mundo helénico lo descubrió, lo asoció con su propio Hermes (de ahí viene el adjetivo “hermético” como cualidad de lo que está oculto y no se aprecia a simple vista). No en vano, parece ser que este texto contiene las instrucciones que nos permiten controlar la realidad. Por ello, fue muy apreciado por alquimistas árabes y europeos a lo largo de la edad media, que utilizaron para intentar crear el elixir de la larga vida, o producir oro de manera artificial. Sea como fuere, lo consiguieran o no, la Tabla Esmeralda comienza su enseñanza diciendo que “Todo es mente; el Universo es mental”.

¿Y esto qué quiere decir?, ¿que todo se ve según el cristal con el que se mira?

En efecto, la realidad que observamos es sencillamente una proyección de nuestros propios procesos mentales. Esto, que quizá pasamos por alto en nuestro día a día, es algo fundamental para poder crear nuestro destino. Es importante tenerlo presente, pues de lo contrario, corremos el riesgo de caer en el “modo automático de funcionamiento” y perder nuestro potencial creativo. Thot (Hermes), nos lo deja bien claro cuando dice: “Como es arriba, es abajo; como es adentro, es afuera. Con esto basta para obrar milagros”.

Te invito a que vuelvas a leer el párrafo. Con detenimiento y discernimiento.

¿Atreverse a crear la propia realidad? La propuesta que se nos está haciendo es que, como el joven pastor, descubramos nuestra Leyenda Personal y la sigamos. Se trata de conectar con nuestra esencia, con aquello que verdaderamente somos. Sólo así el Universo podrá conspirar a nuestro favor para ayudarnos a cumplir nuestros sueños.

¿Te cuento algo? Un mes antes de ir a Egipto, realicé otro viaje. No tan lejos, pero no por ello menos especial. Estuve una semana en el centro de Europa; primero en Basilea, Suiza, y luego en Praga, Chequia. La verdad es que me siento muy afortunado de haber podido vivir experiencias tan enriquecedoras. El motivo que me llevó al país helvético fue un seminario con Joe Dispenza. Por si no lo conoces, te puedo contar de forma resumida que este hombre es doctor en quiropráctica, conferenciante internacional y autor de varios libros sobre neurociencia y desarrollo del potencial. Empezó a estudiar el funcionamiento de la mente humana a raíz de un accidente en el que se rompió varias vértebras. Contra todo pronóstico, y sin someterse a cirugía, recuperó la capacidad de desplazamiento, y a partir de ahí decidió indagar al respecto, y hoy comparte sus descubrimientos por todo el mundo.

El encuentro tuvo lugar a finales de febrero de 2025 en el pabellón St. Jackobs-hall de Basilea. ¿Quieres saber cómo fue la cosa? Allí reunidas estábamos más de 8000 personas de 80 países diferentes. Menudo akelarre, ¿eh? A lo largo de dos días y medio, atendimos, escuchamos, meditamos y compartimos en un ambiente inmejorable. Lo cierto es que nunca antes había vivido algo así con tanta gente. Fue alucinante.

Dispenza asegura que a través de la meditación se puede entrar en el estado de no-mente (o consciencia expandida), y que una vez ahí es posible acceder al campo cuántico de las infinitas posibilidades.

Algo que me llamó la atención fue ver allí presentes a numerosas personas en silla de ruedas o con movilidad reducida. Salvando obvias diferencias, fue parecido a cuando estuve en Lourdes o en Fátima. Sí, me encanta visitar lugares considerados sagrados y presenciar rituales místicos. Lo reconozco, soy curioso por naturaleza y me atrae el fervor por lo sobre-natural. Está claro que la fe mueve montañas, y que todos, en mayor o menor medida, tenemos deseos, anhelos y sueños que cumplir. Teniendo presente que en nuestra esencia más profunda, somos Uno, y que aquí estamos de paso, me parece genial que cada cual encuentre su propio camino.

El muchacho preguntó entonces si la bendición del viejo continuaba aún con él. Sacó una de las piedras. Era “sí”.

Decía Einstein, paradigma del cientificismo, “que sólo hay dos maneras de vivir la vida: una, como si nada fuera un milagro, y la otra, como si todo fuera un milagro”.

Teniendo en cuenta estas palabras, la pregunta se hace sola: ¿Con cuál de las dos te quedas? Si las posibilidades son infinitas, ¿por qué no jugar con ellas? Podemos probar a tomarnos la vida como un juego, sin apego al resultado. Probar a hacer malabares con las naranjas que tengamos a mano, quién sabe. Y desde ahí, abrirnos a otras posibilidades. ¿Tal vez abrirme a una mejor versión de mí mismo? Estoy de acuerdo con Gandhi cuando dijo aquello de “sé el cambio que quieres ver en el mundo”. En resumidas cuentas, esto mismo es lo que te propone Dispenza. Te desafía continuamente a que seas esa mejor versión de ti mismo/a. Te desafía a que te atrevas a SER ese cambio que quieres ver en el mundo.

¿La mejor versión a la que puedo acceder? ¿Cómo sería eso? ¿Te lo has planteado alguna vez y te ha dado algo de vértigo, o es que soy un bicho raro?

Tras finalizar el seminario y conocer un poco el norte de Suiza, me fui en tren a Praga. Siempre quise conocer esta ciudad, y aproveché para visitarla unos días. Y la verdad es que me pareció espectacular, sin duda una de las más bonitas que haya transitado. Cual Stendhal, experimenté un éxtasis turístico en toda regla. Me deleité paseando por sus calles de fantasía, llenas de monumentos y edificaciones sobresalientes, en donde residía la corte del antiguo reino de Bohemia. También seguí los pasos de Kafka, y me pregunté si tal vez él mismo se sintió abrumado ante tanta belleza. Y ya de paso, me hubiera gustado saber su opinión sobre el asunto del campo cuántico y sus infinitas posibilidades. ¿Acaso su alegórica “Metamorfosis” puede darnos alguna clave al respecto? Quién sabe…

En cualquier caso, y ya que estaba allí, aproveché para visitar la iglesia de Santa María de la Victoria, que alberga su célebre imagen del Niño Jesús. Esta pequeña escultura (de origen andaluz, por cierto, como nuestro pastorcillo) es muy famosa en la ciudad. Incluso se dice que Antoine de Saint-Exupéry se inspiró en ella para crear su Principito. Venerada desde hace siglos, cuenta con más de 300 vestidos que personalidades de todo tipo le han ido obsequiando. De hecho, dentro del templo hay un pequeño museo con algunos de ellos. Curiosamente, se encuentra el que Paulo Coelho y Christina Oiticica le regalaron en 2005. Lo cierto es que no era su primera vez en Praga, pues el autor cuenta que fue a reverenciar esta imagen a principios de los años ochenta y a pedirle que le ayudara a ser escritor. Décadas después, habiendo sido concedido su deseo, regresó con dicha ofrenda como agradecimiento.

¿Qué te parece esta anécdota? ¿La conocías?

¿Y bien? ¿Crees que somos “alquimistas” de nuestra propia existencia? Sea como fuere, no trato de convencerte de nada. Mi intención es si acaso, una invitación a reflexionar.

La clave, lo explica de maravilla el Dr Bruce Lipton, está en observar esos patrones con los que fue programada nuestra mente a lo largo de la infancia. Y es que, aunque cueste creerlo, nuestro inconsciente es responsable del 95 por ciento de las decisiones que tomamos. Por ello, para crear nuestra propia realidad es fundamental transitar un camino de observación e introspección. Es cuestión de mirar dentro, de poner luz ahí donde pensábamos que había oscuridad. De alguna manera, se trata de soltar ese personaje que creemos que somos. Como dice Joe Dispenza, “deja de ser tú”. Entiendo que esto pueda parecer extraño. Yo lo veo como cuando Neo se toma la pastilla roja, algo así como atreverse a salir al exterior de la caverna según el mito de Platón.

Hoy en día, la llamada “ley de la atracción” es un concepto muy manido y que a veces genera cierto rechazo. “¿No logras manifestar lo que deseas? Sígueme y te cuento cómo hacerlo”. Bueno, como suele pasar, las bolas no son únicamente o blancas o negras. En mi opinión, es cuestión de abrir la mente para ir más allá de lo evidente, en aras de captar lo sutil. Abrir la mente, sí, y conectar con el corazón, con nuestra esencia, para seguir las señales y alcanzar el “Anima mundi». Porque la vida es sueño, y los sueños, sueños son.

La ley de la atracción funciona, lo que pasa es que lo hace a un nivel profundo, vibracional. Ahí está el matiz que crea las múltiples posibilidades y que marca la diferencia. Somos seres creadores y tenemos una gran capacidad para manifestar. Sin embargo, inconscientemente albergamos patrones y creencias limitantes, y no siempre estamos en disposición de aceptar esto. El cambio cuesta, es así. A veces es difícil fluir con las variaciones a nuestro alrededor. Esto lo sabe bien Santiago, pues tiene que adaptarse continuamente a las circunstancias que se modifican. Por mucho que repitamos a viva voz que queremos atraer algo a nuestras vidas, el Universo no va conspirar a nuestro favor si no estamos vibrando en la frecuencia adecuada. Y sí, esto puede sonar bizarro, pero al respecto, he de decir que hace ya un siglo que la física cuántica confirmó las míticas palabras del Buda cuando dijo que la mente crea la materia.

Aquí es donde la ciencia y la espiritualidad se dan la mano.

El átomo, que está en su mayor parte vacío, alberga unas partículas que en realidad se comportan como ondas de energía vibrando. Es decir, el átomo, y por tanto, la materia, equivale a energía en vibración (Energía igual a Masa multiplicada por C –velocidad de la luz- al cuadrado). En verdad no hay nada nuevo bajo el sol, pues esto mismo es lo que llevan diciendo las tradiciones místicas desde hace miles de años. Así que si eres capaz de soltar por un momento el control del raciocinio intelectual, si eres capaz de acallar la mente pensante, lo podrás comprobar en tus propias carnes.

Un momento. ¿Quieres decir que podemos atravesar las paredes?

Bueno, que yo no sea capaz de hacer algo, no significa que no se pueda. En cualquier caso, más allá de ser capaces de lanzar rayos láser por los ojos, creo que cabe preguntarse si hacer eso es algo necesario. Me estoy refiriendo a que esa manifestación de lo que queremos, esa conspiración del Universo a nuestro favor, llegará cuando lo que anhelamos esté en consonancia con nuestro desarrollo personal. Es decir, no responde a deseos del ego. No va por ahí. Elevar la vibración tiene que ver principalmente con la puesta en práctica del perdón y el amor. Nuestro crecimiento personal es proporcional al despertar de la consciencia, y en ese sentido, nuestra motivación última, más allá de desarrollar determinados superpoderes o acumular grandes riquezas, es la de compartir el Amor. Eso que somos, que está siempre presente en nuestro interior y que no pertenece a ninguna ideología, dogma ni doctrina. El amor no se piensa con la mente; se experimenta y se vive desde el SER. Ahí está el verdadero tesoro.

De hecho, a la luz de la nueva ciencia, se pueden obtener interesantes lecturas sobre los textos sagrados antiguos. Por ejemplo, me estoy acordando de lo que nos dicen los evangelios acerca de los milagros. Evidentemente, no son actos de destrucción ni de demostración de poderío, sino que son ejemplos de elevación de la vibración, que gracias al perdón y al amor, restauran el orden natural de las cosas. Así pues llegado este punto, y si nuestro propósito es en todo momento bondadoso, ¿por qué no permitir que el Universo conspire a nuestro favor?

Como Santiago, a veces me pierdo, o me canso o me frustro. A veces, me cuesta ver la luz y caigo en la desesperación; me dan ganas de tirar la toalla y darme por vencido. Y es en esos momentos en los que conviene recordar que la noche oscura del alma es parte del camino, un aprendizaje necesario, Por eso, es importante tener presente que el buen combate no consiste en batirse en duelo contra nadie; más bien en ser capaces, a pesar de las circunstancias, de poner luz ahí donde había oscuridad. En esencia, la verdadera lucha pasa por hacer consciente la propia sombra. Tal es la conducta del auténtico Guerrero de la luz.

He aprendido que el mundo tiene una Alma y que quien entienda esa Alma entenderá el lenguaje de las cosas. Aprendí que muchos alquimistas vivieron su Leyenda Personal, y terminaron descubriendo el Alma del Mundo, la Piedra Filosofal y el Elixir. Pero sobre todo, he aprendido que estas cosas son tan simples que pueden escribirse sobre una esmeralda.

En su búsqueda personal, Santiago se va transformando en un alquimista, mas uno muy particular. Como se nos explica en el prefacio, el tercer tipo de alquimistas son quienes jamás oyeron hablar de Alquimia pero que consiguieron, a través de sus vidas, descubrir la Piedra Filosofal. Si Santiago lo logra, es precisamente porque es capaz de seguir su corazón y abrirse al Amor.

Y ahí es donde aparece Fátima, la muchacha africana que encuentra en el oasis y de la cual se enamora perdidamente:

Es como si el tiempo se parase y el Alma del Mundo surgiese con toda su fuerza ante él. Cuando vio sus ojos negros, sus labios indecisos entre una sonrisa y el silencio, entendió la parte más importante y más sabia del Lenguaje que todo el mundo hablaba y que todas las personas de la tierra eran capaces de entender en sus corazones. Y esto se llamaba Amor.

(…)

Y cuando estas personas se cruzan y sus ojos se encuentran, todo el pasado y todo el futuro pierden su importancia por completo, y solo existe aquel momento y aquella certeza increíble de que todas las cosas bajo el sol fueron escritas por la misma Mano.

Pura poesía, ¿verdad? No en vano, nada es casual en esta historia. Fátima, cuyo significado es “Única” en árabe, es el arquetipo femenino que se venera tanto en la tradición cristiana (el santuario mariano de Portugal), como en la islámica (la hija favorita del Profeta). En ese sentido, representa el puente entre oriente y occidente, entre el norte y el sur. Fátima-Santiago, Santiago-Fátima. Como el Yin y el Yang, se trata de la fusión de los polos opuestos que en el fondo son las caras de la misma moneda. Porque no hablamos solamente del romántico, sino del Amor en todas sus expresiones, a cuál más elevada: Eros (pasión), Philia (amistad), Storge (familia) y en último término, Ágape (espíritu). De todas estas manifestaciones, es esta última,  Ágape, la que representa la trascendencia definitiva, la unión con la Divinidad, con el Uno. Es el estado mismo de Iluminación o Nirvana.

Como vemos, todo está conectado. De manera mágica, simple, sencilla. Nuestro joven pastor ha encontrado a la persona con la que quiere compartir el resto de su vida. Ya está, lo logró. ¿Qué necesidad hay de cumplir con aquello que le propusieron primero una gitana adivina y más tarde el rey de Salem? ¿Para qué hacer caso a un antiguo sueño, si ya lo tiene todo?

¿O no es así? 

Lo cierto es que aún quedaba un encuentro pendiente. Se trata del célebre Alquimista del oasis de Fayum, de quien le había hablado el inglés con tanta emoción, y quien, por fortuna para Santiago, sólo se muestra a las personas que realmente viven su Leyenda Personal. Ejerciendo como mentor, el Alquimista le plantea al muchacho un nuevo dilema: ¿Realmente rechaza seguir persiguiendo sus sueños? ¿Qué hay del tesoro que le aguarda en las pirámides? ¿Va a renunciar ahora que ha llegado tan lejos?

Santiago reflexiona y se da cuenta de que su Leyenda Personal está incompleta, y tras conversar con Fátima, ambos se dan cuenta de que la distancia nos los puede separar. Así que el muchacho decide continuar adelante, contando con el acompañamiento y la guía del Alquimista en su particular travesía por las solitarias dunas. Ante la pregunta de qué debo hacer para sumergirme en el desierto, el Alquimista le responde:

Escucha a tu corazón. Él lo conoce todo, porque proviene del alma del mundo y un día retornar a ella.

Con este consejo, y dispuesto a avanzar, a nuestro protagonista le llegará la gran prueba, su particular ordalía o juicio divino. Esa lucha que vive en su interior se pone de manifiesto externamente a través de la guerra entre los distintos clanes que luchan por el control del territorio. Se trata del instante más crítico de la novela, en donde el muchacho se enfrenta a su destino. Si realmente es un alquimista, ha de convertirse literalmente en viento y destruir un campamento militar. Es la tarea que le encomienda uno de los señores de la guerra. De lo contrario, será fatalmente ajusticiado.

No sabe cómo, pero tiene que hacerlo. No le queda otra. Por suerte, gracias a su mentor, ha conseguido tres días para preparase.

El primer día, Santiago está desesperado, presa del pánico. No sabe qué hacer. El segundo, intenta escapar, pero no hay manera. Se limita a mirar al desierto. Se pasa toda la tarde observándolo y escuchando su corazón. El desierto, por su parte, escucha su angustia. Y resulta que ambos hablan la misma lengua.

Llegado el tercer y último día, ante la atenta mirada del general y sus soldados, al muchacho lo único que se le ocurre es conducir a los principales comandantes donde había estado el día anterior. En ese punto, cuando todo parece perdido y está a punto de sucumbir, mira al horizonte. Entonces se pone a pensar en que a pesar de haber recorrido una mínima parte del desierto, ha encontrado muchas cosas y vivido un sinfín de experiencias.

Curiosamente, tal y como había sucedido la jornada anterior, el desierto es capaz de escuchar sus pensamientos. Al principio éste se muestra reticente a su presencia allí, pues ya se contemplaron lo suficiente el otro día. No obstante, y dado que ambos platican un mismo idioma, inician una conversación. Nadie más les entiende. Santiago habla de Fátima, lo cual acaba llevándoles a preguntarse acerca del tema por excelencia: ¿qué es el amor?

Es lo que hace que la caza se transforme en halcón, el halcón en hombre y el hombre de nuevo en desierto. Es esto lo que hace que el plomo se transforme en oro, y que el oro vuelva a esconderse bajo la tierra.

No entiendo tus palabras dijo el desierto.

Entonces entiende que en algún lugar de tus arenas, una mujer me espera. Y para poder regresar con ella, tengo que transformarme en viento.

Finalmente, el desierto, que no es capaz de cumplir su petición, le invita a que pida ayuda al viento. Y una pequeña brisa empieza a soplar. ¿Esto hace que el primer reto esté superado?

El viento, que todo lo oye, había escuchado la conversación que habían mantenido y se muestra curioso. Así que el muchacho y éste comienzan un interesante debate. ¿Y sabes de qué acaban hablando? En efecto:

Es eso que llaman amor. Cuando se ama es cuando se consigue ser algo de la creación. Cuando se ama no tenemos ninguna necesidad de entender lo que sucede, porque todo pasa a suceder dentro de nosotros. Y los hombres pueden transformarse en viento.

De manera suave y fluida, Santiago va generando las condiciones para que se pueda producir la alquimia necesaria. El viento, que tampoco puede transformarlo, le sugiere que hable con el cielo. Y para que ello sea posible, sopla con fuerza, llenando el cielo de arena, dejando apenas un disco dorado en el lugar del sol. Segundo obstáculo, superado.

El joven pastor empieza, cómo no, preguntando a la estrella acerca del amor y del alma del mundo. A medida que avanza el debate, el sol resplandece con fuerza, lo cual hace que el viento también sople con igual intensidad, para que el brillo no ciegue al muchacho.

Nuestro protagonista, que en su travesía ha desarrollado una gran sabiduría, es capaz de expresarse con una convicción clara y directa. Y lo hace desde la Presencia, hasta el punto de hacer que el astro rey se sienta intimidado:

¿Y por qué dices que yo no conozco el Amor?preguntó el Sol.

Porque el amor no es estar parado como el desierto, ni recorrer el mundo como el viento, ni verlo todo de lejos, como tú. El Amor es la fuerza que transforma y mejora el Alma del Mundo. Cuando penetré en ella por primera vez, la encontré perfecta. Pero después vi que era un reflejo de todas las criaturas, y tenía sus guerras y sus pasiones. Somos nosotros quienes alimentamos el Alma del Mundo, y la tierra donde vivimos será mejor o peor según seamos mejores o peores. Ahí es donde entra la fuerza del Amor, porque cuando amamos, siempre deseamos ser mejores de lo que somos.

¿Quién puede detener a alguien que desea ser mejor de lo que es? Finalmente, y como el Sol tampoco es capaz de transformarlo, le anima a que converse con la Mano que lo escribió todo.

¿Qué puede haber más allá del cielo?

En ese momento, el viento comienza a gritar de alegría y a soplar con todas sus fuerzas. Las tiendas de campaña de los soldados comienzan a arrancarse de la arena y los animales se sueltan de sus riendas. En el peñasco, los soldados se agarran unos a otros para no ser lanzados lejos.

¿Lo está logrando? No se sabe cómo, pero está comenzando a destruirse el campamento militar.

Pero falta dar un paso más para poder alcanzar Ágape. Y es ahí que se produce el clímax de esta fábula.

Llegado este punto, permíteme la pregunta. Si fueras tú, si de pronto estuvieras ante la Mano que todo lo ha escrito, ¿qué le dirías? ¿Cuáles serían tus palabras? Imagínalo por un momento.

¿Le preguntarías algo? ¿O tal vez le pedirías, directamente? ¿Qué harías?

En lugar de hablar, nuestro protagonista elige guardar silencio. Ya no hay conversación. A diferencia de lo sucedido anteriormente, primero con el desierto, luego con el viento y después con el sol, ahora ya no es necesario expresar. Ni siquiera hace falta ponerle palabras al amor. Se trata, simplemente, de experimentarlo. Y es ahí que se produce la Magia:

Una fuerza de Amor surgió de su corazón y el muchacho comenzó rezar. Era una oración nueva, pues era una oración sin palabras y sin ruegos. No estaba agradeciendo que las ovejas hubieran encontrado pasto, ni implorando para vender más cristales, ni pidiendo que la mujer que había encontrado estuviese esperando su regreso. En el silencio que siguió, el muchacho entendió que el desierto, el viento y el Sol también buscaban las señales que aquella Mano había escrito, y procuraban cumplir sus caminos y entender lo que estaba escrito en una simple esmeralda. Sabía que aquellas señales estaban diseminadas por la Tierra y el Espacio, y que en su apariencia no tenían ningún motivo ni significado, y que ni los desiertos, ni los vientos, ni los soles ni los hombres sabían por qué habían sido creados. Pero aquella Mano tenía un motivo para todo ello, y sólo ella era capaz de operar milagros, de transformar océanos en desiertos y hombres en viento. Porque sólo ella entendía que un designio mayor empujaba al Universo hacia un punto donde los seis días de la creación se transformarían en la Gran Obra.

El viaje de Santiago comenzó en los prados de Andalucía. Continuó cruzando el estrecho y quedándose un tiempo en Tánger, trabajando en una tienda de cristales. En el oasis de Al-Fayum encontró a Fátima y esto le hizo replantearse toda su existencia. Sin embargo, le faltaba dar un último paso para penetrar el Alma del Mundo y alcanzar la Gran Obra. Allí, entre dunas y en completa soledad, descubrió que la Unión con el Todo, la liberación definitiva, es algo que se experimenta en el más noble y absoluto de los silencios.

A lo largo de esa oración sin palabras y sin ruegos, la Consciencia obra el milagro. Santiago se transforma en el Simún, y sopla como jamás había soplado, desatando la tormenta de arena perfecta y haciendo añicos el campamento militar. Los soldados están aterrorizados ante tal brujería, mientras que el general, maravillado por el hecho de ser testigo directo de la gloria divina, se despide de él y ordena que una escolta le acompañe hasta donde quiera.

Y el muchacho se sumergió en el Alma del Mundo y vio que el Alma del Mundo era parte del Alma de Dios, y vio que el Alma de Dios era su propia alma. Y que podía, por lo tanto, realizar milagros.

Santiago lo ha logrado. Su propia liberación interna da como resultado la emancipación del cautiverio al que había sido sometido. Desde ese vacío en el que no hay un yo y el ego se desvanece, se adentra en el campo cuántico de infinitas posibilidades.

Una vez que nuestro protagonista suelta su miedo, sus prejuicios y el control de su raciocinio intelectual es capaz de manifestar la Gran Obra y de hacerse Uno con el Todo. El resto, como pueda ser el tesoro escondido en la gran pirámide, le viene dado. Está escrito: “busca primero el reino de Dios y todo lo demás te será dado por añadidura”.

Coelho, a través de “El Alquimista”, lleva a cabo su particular conspiración, y se sirve de su personaje principal para revelarnos cómo funciona la ley de la atracción. De manera sencilla, nos enseña cómo alcanzar el inconsciente colectivo a través del proceso de individuación. En su particular viaje del héroe, el joven pastor va rompiendo viejos patrones y creencias, liberándose del miedo, confiando en lo que es y abriéndose a la Magia. Por eso se puede decir que, a través de esta fábula intemporal, el autor utiliza el lenguaje simbólico para comunicarse directamente con nuestro inconsciente; ahí está la clave. ¿Podríamos decir que se trata de un auténtico tratado alquimista? ¿Un manual contemporáneo que nos desafía a alcanzar la Gran Obra a través del descubrimiento de nuestra Leyenda personal?

Cuando una persona desea realmente algo, el Universo entero conspira para que pueda realizar su sueño.

Ahora ya lo sabes. Si eres capaz de sumergirte enel Alma del Mundo, verás que el Alma del Mundo es parte del Alma de Dios, y verás que el Alma de Dios es tu propia alma. Y que puedes, por tanto, realizar milagros.

Ahora ya lo sabes. En el silencio está la clave para permitir que el Universo conspire a tu favor. Ser consciente de ello es el mayor secreto desvelado, el más valioso tesoro.

Definitivamente, todo empieza y todo acaba en el noble silencio. Tan sólo es cuestión de sentarse, cerrar los ojos y escuchar. Cuestión de observar lo que está sucediendo aquí y ahora. Observar que todo surge y desaparece, y que, por tanto, el cambio es constante. Cualquier final es el principio de algo nuevo. Maktub.

-¡Marta, Marta! Andas inquieta y te preocupas con muchas cosas.

María, en cambio, escogió la mejor parte, y ésta no le será arrebatada.

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